Renaturalizar espacios urbanos: cómo los huertos comunitarios aportan beneficios ambientales reales

Transformar espacios degradados en huertos urbanos no es solo una cuestión estética o de ocio. Experiencias como las que desarrollamos en el marco de nuestro Programa 3C, que agrupa 9 huertos comunitarios en Madrid y Barcelona (unos 20.000 m² en total) demuestran que tienen un potencial ambiental real: mejoran la calidad del aire, capturan carbono y fomentan hábitos más sostenibles.

Una activista en el huerto urbano de Daganzo de Arriba (Comunidad de Madrid)

Aunque la superficie pueda parecer pequeña a escala de ciudad, estudios como Impactos de los Huertos Urbanos en la Ciudad de Madrid y datos del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) nos ayudan a entender por qué estos espacios suman.

Por ejemplo, estos huertos funcionan como pequeños filtros verdes que capturan contaminantes como el dióxido de nitrógeno (NO₂) y el ozono troposférico, mejorando así la salud del entorno. Y además, gracias a la vegetación y al uso de compostaje, actúan como sumideros de carbono.

El potencial para capturar CO₂ se calcula siguiendo el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (GEI) – capítulo LULUCF (Land Use, Land-Use Change and Forestry), que detalla las tasas de absorción de carbono según el tipo de uso del suelo. Por ejemplo:

  • Las zonas de huerta con cultivos anuales pueden fijar entre 0,05 y 0,15 toneladas de carbono por hectárea y año (equivalente a unos 0,18–0,55 t de CO₂).
  • Las áreas con arbustos y árboles jóvenes pueden alcanzar entre 0,55 y 1,3 toneladas de carbono por hectárea y año (equivalente a 2–5 t de CO₂).
  • Márgenes, flores y plantas aromáticas fijan algo menos, en torno a 0,15–0,4 t de carbono (≈0,55–1,47 t de CO₂).
  • Y prácticas como el compostaje, que enriquecen el suelo, añaden alrededor de 0,08 t de carbono por hectárea y año (≈0,29 t de CO₂).

Estas cifras muestran que incluso espacios relativamente pequeños tienen capacidad de capturar carbono, especialmente si se combinan distintos tipos de vegetación y técnicas de mejora del suelo.

Pero el beneficio va más allá del carbono: estos huertos recuperan biodiversidad local, atraen polinizadores y aves, mejoran la estructura del suelo y reducen la temperatura local. Además, fomentan cambios de hábitos: más consumo de productos locales y ecológicos o movilidad más sostenible, lo que reduce aún más las emisiones indirectas.

En resumen, aunque cada huerto solo ocupe unas parcelas, juntos suman beneficios ambientales reales: limpian el aire, capturan carbono y, sobre todo, reconectan a las personas con la naturaleza, convirtiéndose en piezas clave para ciudades más saludables y sostenibles.

Huerto urbano de Palau-solità i Plegamans (Barcelona).

Publicado por Humana Fundación Pueblo para Pueblo

Humana Fundación Pueblo para Pueblo es una organización de la economía social que promueve desde 1987 la protección del medio ambiente mediante la reutilización del textil y lleva a cabo programas de cooperación en África, América Latina y Asia, así como de ayuda local, sensibilización y agricultura urbana en España.

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