Beneficios del huerto escolar en San Agustín del Guadalix (parte 1)

En San Agustín del Guadalix (Madrid), la naturaleza ha encontrado un hueco en el horario escolar. Los colegios CEIP Navalazarza y CEIP Infanta Leonor han convertido sus huertos en aulas vivas. La iniciativa cuenta con el acompañamiento de un técnico del Programa 3C que guía, asesora y dinamiza las actividades. El resultado: un cambio tangible en el aprendizaje, la convivencia y la relación del alumnado con el entorno.

Alumnos del CEIP Navalazarza muestran las hortalizas.

Estos proyectos beben de una corriente pedagógica en auge. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los huertos escolares representan una estrategia integral para mejorar la alimentación, la educación y el bienestar de la comunidad. Entre sus objetivos destacan enseñar a los niños a cultivar alimentos (hortalizas, frutas, legumbres y pequeños animales) con un enfoque en la buena nutrición, fomentar la preferencia y consumo de frutas y verduras, reforzar los almuerzos escolares con alimentos ricos en micronutrientes y promover conocimientos hortícolas y empresariales.

Estos espacios no solo impactan en la salud de los estudiantes, sino que fortalecen el vínculo entre teoría y práctica, transfieren conocimientos a los hogares y comunidades, y desarrollan habilidades para la vida como el trabajo en equipo y la autogestión.

El valor del huerto escolar dentro de la vida del colegio

Lola Ginés, jefa de estudios del proyecto de huerto y de educación ambiental del CEIP Navalazarza, lo resume así: “Es llevar a la práctica muchas cosas que aprendemos”. Para ella, ver moverse una lombriz o tocar una lagartija es tan educativo como una lección de libro, porque convierte conceptos abstractos en experiencias directas.

Desiré Rosado, coordinadora del huerto y tutora de Infantil en CEIP Infanta Leonor, destaca su papel social: “En el huerto no hay conflictos, solo colaboración. Es un espacio que fomenta la cooperación y la convivencia positiva”.

El huerto se ha convertido en un elemento identitario de los centros, reconocido también por familias y vecinos.

En Navalazarza, el huerto ya no es una actividad aislada, sino un espacio que se integra en el calendario escolar. Las clases bajan al menos un par de veces por trimestre, y la programación se adapta a los ritmos de la naturaleza: calabazas en Halloween, ajos en Acción de Gracias, o experimentos con compost en primavera.

Los programas de reciclaje, alimentación saludable y gestión de residuos, encuentran en el huerto escolar un espacio ideal para conectar teoría y práctica

Lola añade que el huerto funciona como “un laboratorio a cielo abierto, donde cualquier materia encuentra su lugar”. “Cada vez más docentes muestran interés en el funcionamiento del huerto e intentan incluirlo en la pedagogía de sus clases”, corroboramos desde el Programa 3C.

El huerto como eje integrador

Los colegios de San Agustín del Guadalix llevan tiempo impulsando iniciativas medioambientales para sensibilizar al alumnado sobre la importancia del cuidado del planeta. Estas acciones, que incluyen programas de reciclaje, alimentación saludable y gestión de residuos, encuentran en el huerto escolar un espacio ideal para conectar teoría y práctica.

“El objetivo de cada sesión es el de promover el respeto por el medio ambiente. Descubrir, conocer y entender el funcionamiento de la naturaleza para ser más respetuoso con ella”, explican fuentes del Programa 3C.

Desde el huerto se trabaja no solo la siembra y el cultivo, sino también el ciclo completo de la naturaleza: el compostaje de las cáscaras de fruta y verdura, la reutilización de residuos orgánicos para generar abono, y la promoción de hábitos sostenibles que los niños pueden aplicar tanto en el colegio como en casa.

Este enfoque integrador potencia el impacto de los proyectos medioambientales, haciendo que el aprendizaje sea más tangible y vivencial. Desiré resalta cómo la conciencia ambiental se refuerza gracias al huerto: “Los niños entienden que lo que comen viene del huerto, y eso les motiva a cuidar más el entorno y a valorar la alimentación saludable. Además, participan activamente en programas como ‘la pandilla basurilla’, que recoge restos para compostar, lo que hace que aprendan sobre reciclaje y sostenibilidad de forma práctica.”

Huerto escolar en el CEIP Navalazarza de San Agustín del Guadalix.

De esta manera, el huerto escolar complementa los proyectos medioambientales del centro y se convierte en un motor que impulsa el compromiso ecológico y la responsabilidad colectiva desde la experiencia directa y el trabajo colaborativo.

Inclusión y accesibilidad: patios y huertos escolares que acogen.

Los patios escolares naturalizados y los huertos no solo transforman el espacio físico del centro, sino que también abren puertas a la inclusión y la accesibilidad. La Guía Metodológica para la participación y Renaturalización de Centros Educativos, elaborada tras el proyecto “Patios hacia la transición ecosocial”, señala que los patios convencionales, asfaltados y dominados por pistas deportivas, no siempre responden a la diversidad de necesidades e intereses del alumnado. Incorporar naturaleza, suelo natural, vegetación, zonas de sombra y rincones para la calma amplía las opciones de juego y aprendizaje, creando un entorno más amable y adaptado para que todos los niños y niñas puedan participar y sentirse cómodos.

Este diseño inclusivo se traduce en una mayor libertad para que cada alumno elija actividades según sus preferencias y capacidades, favoreciendo su participación real y activa. Así lo confirman desde el Programa 3C: “Niños con menores habilidades sociales encuentran un lugar donde sentirse útiles y valorados. Les cambia el humor y las ganas de participar”.

La experiencia en el huerto es una actividad totalmente inclusiva que fomenta la colaboración y la convivencia positiva

En el CEIP Navalazarza, la inclusión se trabaja de manera concreta con el aula TEA, adaptando bancales y diseñando actividades diferenciadas para que todos los niños puedan implicarse según sus intereses y necesidades. Este enfoque permite que el huerto sea un espacio accesible y acogedor, donde la diversidad se convierte en riqueza.

Desiré, también lo corrobora desde su experiencia diaria: “En el huerto pueden participar todos, incluso los niños de las aulas de educación especial hacen las actividades igual que el resto, con el apoyo necesario. Es una actividad totalmente inclusiva que fomenta la colaboración y la convivencia positiva”.

Lola, apunta: “En el huerto ves a niños que en clase les cuesta más, pero aquí se transforman; trabajan con ilusión, aportan ideas, y eso les da confianza. Es un espacio donde todos pueden brillar de alguna manera”.

Publicado por Humana Fundación Pueblo para Pueblo

Humana Fundación Pueblo para Pueblo es una organización de la economía social que promueve desde 1987 la protección del medio ambiente mediante la reutilización del textil y lleva a cabo programas de cooperación en África, América Latina y Asia, así como de ayuda local, sensibilización y agricultura urbana en España.

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