Beneficios del huerto escolar en San Agustín del Guadalix (y parte 2)

El Programa 3C en San Agustín del Guadalix (Comunidad de Madrid) colabora con los colegios CEIP Navalazarza y CEIP Infanta Leonor. La presencia de naturaleza en el patio y el huerto reduce el estrés y la ansiedad, mejora la atención y la motivación, y genera un ambiente emocionalmente positivo. Estos efectos son claves para que cualquier niño, con independencia de sus características o dificultades, pueda desarrollarse plenamente.

Los huertos escolares se convierten en refugios de inclusión, donde las diferencias se valoran y se transforma la convivencia en una experiencia rica y enriquecedora para todos. Como apunta la Guía Metodológica para la participación y Renaturalización de Centros Educativos, estos espacios son una oportunidad para fomentar la participación, la justicia social y una educación que acompaña en la complejidad del mundo actual.

El huerto escolar de Navalazarza no solo es un aula viva, sino también un espacio donde los niños expresan con entusiasmo lo que aprenden y sienten. Cuando se les pregunta qué han descubierto en este rincón verde, responden sin titubeos: nuevas plantas, cómo sembrarlas, trasplantarlas y cuidarlas; cómo recoger semillas y dar nueva vida a ejemplares que parecían perdidos. También hablan de los “nuevos bichos” que han conocido y de la importancia de observarlos para entender el equilibrio del ecosistema.

Coinciden en que prefieren aprender al aire libre, con las manos en la tierra, porque “los libros no lo cuentan todo”: fuera pueden tocar, oler y sentir la textura de las hojas, comprender de primera mano cómo es un ciclo de cultivo y experimentar con la naturaleza. Para muchos, el huerto es un espacio más práctico que teórico, aunque reconocen que también han aprendido conceptos y nociones que después pueden conectar con las clases.

Los libros no lo cuentan todo: en el huerto pueden tocar, oler y sentir la textura de las hojas, comprender de primera mano cómo es un ciclo de cultivo y experimentar con la naturaleza

Cuando se les pregunta por sus actividades favoritas, las respuestas son diversas, pero recurrentes: trasplantar, hacer compost y triturar restos vegetales son algunas de las tareas que más disfrutan. En todas ellas encuentran una combinación perfecta de acción, curiosidad y trabajo en equipo.

Implicación familiar: un puente que fortalece la comunidad educativa

La participación de las familias en el huerto escolar no solo enriquece la experiencia de los niños, sino que también crea vínculos más sólidos entre el hogar y la escuela. Desiré Rosado, coordinadora del huerto y tutora de Infantil en CEIP Infanta Leonor, destaca cómo la colaboración familiar es constante y entusiasta: “Al principio de curso, por ejemplo, organizamos una jornada de limpieza tras el verano y los padres y las madres se juntan una mañana entera, se traen sus refrescos, trabajan juntos y se lo pasan genial. Es un momento de encuentro muy positivo.”

Esta implicación activa abre nuevas vías de comunicación y confianza entre el equipo docente y las familias. Para el personal educativo, poder compartir estas actividades y observar cómo los niños trabajan acompañados por sus familiares genera un ambiente de cooperación y apoyo mutuo que trasciende las actividades habituales del aula.

Desiré Lozano, del CEIP Infanta Leonor.

Como señala Desiré, “ver a las familias participar, estar un rato con los niños, conocer cómo trabajan y cómo se sienten en el centro les gusta mucho. No todos los colegios ofrecen espacios accesibles para que esto suceda, y el huerto es una oportunidad perfecta para fomentar esta conexión de forma sencilla y natural.”

Así, el huerto se convierte en un recurso transversal que fortalece la comunidad educativa, facilitando la colaboración, la confianza y el sentido de pertenencia entre todas las personas implicadas en el proceso educativo.

Un aula viva que necesita cuidados

Los huertos escolares en San Agustín del Guadalix han demostrado ser una herramienta potente para aprender, convivir e implicarse en el cuidado del planeta. Su valor no se mide solo en kilos de hortalizas, sino en competencias, actitudes y vínculos sembrados.

Para que esta cosecha siga creciendo será necesario seguir abonando el proyecto con tiempo, recursos y apoyo institucional.

El motor de estos huertos no solo está en la motivación del profesorado y el entusiasmo del alumnado, sino también en la figura del técnico especializado que acompaña el proceso. Desiré Rosado lo expresa con claridad: “Mi deseo es más horas al técnico agroecológico. Las profes no tenemos conocimientos de todo, y él cada semana nos enseña algo nuevo sin que se lo pidamos”. Su papel no se limita a resolver dudas, sino que aporta saber práctico, corrige errores y propone mejoras que, sin formación específica, serían difíciles de implementar.

La propuesta de Lola es crear una red de huertos escolares en la zona norte, facilitando el intercambio de plantones, el reparto de tierra y el abaratamiento de transportes

Lola Ginés, jefa de estudios del proyecto de huerto y de educación ambiental del CEIP Navalazarza, comparte la misma visión y apunta a un problema de tiempo: “Una vez a la semana en primavera se queda corto. Lo que ponemos nosotros es la mano de obra, pero quien te dice cómo plantar, a qué distancia, o qué especies mezclar, es él. Y no es lo mismo leerlo que verlo hacer”. Esa presencia experta convierte la teoría en aprendizaje tangible, no solo para los niños, sino también para el profesorado.

Pero las necesidades no terminan ahí. Ambas señalan la urgencia de contar con más materiales (guantes, azadas, tijeras), tierra y plantas, así como una mejor coordinación entre centros para compartir recursos. La propuesta de Lola es directa: crear una red de huertos escolares en la zona norte que funcione como las ya existentes en Madrid capital, facilitando el intercambio de plantones, el reparto de tierra y el abaratamiento de transportes. Un paso que, junto con el refuerzo del acompañamiento técnico, permitiría que el proyecto de huerto escolar creciera con más fuerza y alcance.

Publicado por Humana Fundación Pueblo para Pueblo

Humana Fundación Pueblo para Pueblo es una organización de la economía social que promueve desde 1987 la protección del medio ambiente mediante la reutilización del textil y lleva a cabo programas de cooperación en África, América Latina y Asia, así como de ayuda local, sensibilización y agricultura urbana en España.

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