En el huerto urbano de Daganzo se cultiva comunidad, salud mental y conciencia ambiental (parte 2)

En el huerto urbano de Daganzo de Arriba (Madrid), el impacto social en sus participantes es relevante, un enorme valor para personas que se sienten solas o tienen pocas oportunidades de participación. La soledad no deseada es uno de los grandes retos sociales actuales y proyectos como este funcionan como espacios de apoyo informal y creación de comunidad.

José, activista en el huerto 3C de Daganzo.

Una de las activistas, Paloma, reconoce: “Sobre todo lo recomiendo a gente que está sola, que le cuesta salir… Aquí se hacen amigos y te sientes parte de algo”.

En el estudio Contribución de los huertos urbanos a la salud elaborado por Ana Isabel Mejías Moreno y publicado en la revista Hábitat y Sociedad, se analiza cómo personas mayores de 65 años que participan en huertos urbanos en Barcelona perciben un impacto positivo en su bienestar.

Según Mejías Moreno, las personas mayores que participan en estas iniciativas perciben mejoras significativas en la salud física, la dieta y el bienestar psicológico. Además, destaca el valor que aportan para reducir la soledad y reforzar los lazos comunitarios, actuando como sistemas de ayuda mutua.

De punto negro a refugio climático

El huerto de Daganzo se sitúa en un lugar que, según Cristian y José, «antes era un punto negro: venían a hacer botellón, a dejar basura». Hoy, gracias a las plantas, los árboles y el cuidado colectivo, «viene gente de todas las edades a pasear, a sacar a los perros o incluso a cenar en el merendero contiguo, porque aquí se está más fresco». Esto lo convierte en un refugio climático urbano, concepto recogido por la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y la Agenda Urbana Española.

Siguiendo la definición de Amigas de la Tierra, un refugio climático es cualquier espacio que genera confort térmico ante olas de calor o frío, lluvias intensas u otros fenómenos extremos, pudiendo ser tanto infraestructuras verdes como espacios climatizados. Pero la organización va más allá: propone incorporar la dimensión comunitaria, feminista y de cuidados, transformándolos en refugios climáticos comunitarios y de cuidados. Estos espacios no solo protegen del calor o la lluvia, sino que están diseñados y gestionados por la propia comunidad, de manera que faciliten el encuentro, el intercambio y el cuidado mutuo, además de la conexión con la naturaleza.

El huerto acoge vida que antes no estaba. Entre los bancales y rincones menos transitados, florecen especies autóctonas y silvestres que atraen insectos polinizadores y pequeños reptiles

El huerto de Daganzo encarna esta visión: es un lugar verde, seguro, accesible y vivo, en el que las vecinas y vecinos no son meros usuarios, sino protagonistas activos que deciden, diseñan y cuidan el espacio. El informe Refugios Climáticos de Amigas de la Tierra destaca que este modelo, además de contribuir a la adaptación ecológica frente al cambio climático, fortalece los lazos sociales y las redes comunitarias, potenciando la resiliencia colectiva.

El huerto no solo refresca: también acoge vida que antes no estaba. Entre los bancales y rincones menos transitados, florecen especies autóctonas y silvestres que atraen insectos polinizadores y pequeños reptiles.

En el Programa 3C entendemos los huertos urbanos como islas de biodiversidad dentro del cemento: espacios que dan refugio a insectos beneficiosos, aves y flora silvestre, mejorando la salud del ecosistema urbano.

Un aspecto clave que también surge en la conversación entre Cristian y José: la importancia de conservar espacios en barbecho o zonas menos “ordenadas” dentro del huerto.

José, activista del 3C de Daganzo.

Cristian destaca que para atraer a nuevas personas “hace falta que el huerto esté bonito y cuidado”, porque si la gente que pasa “ve todo lleno de hierbas y bichos” no sentirá el impulso de participar. José, por su parte, subraya que esas zonas “son islas, que también son necesarias”, ya que cumplen funciones ecológicas esenciales: actúan como refugios para insectos beneficiosos, contribuyen a cortar el viento y ayudan a estabilizar el microclima del huerto. Ambos coinciden en que quizá el reto está en delimitar mejor estos espacios y explicar su valor, para que quien visite el huerto entienda que no son fruto del abandono, sino una estrategia consciente para favorecer la biodiversidad y proteger los cultivos.

Un estudio conjunto del CSIC y el Instituto Federal Suizo WSL concluye que los huertos urbanos “bien gestionados” se convierten en verdaderos refugios de biodiversidad en la ciudad, al albergar mayor diversidad de polinizadores e insectos auxiliares gracias a la variedad de plantas y zonas de vegetación menos intervenidas .

El papel de estos espacios en barbecho y zonas de vegetación espontánea destaca como microhábitats que retienen humedad, alojan polinizadores y controladores biológicos, y contribuyen a reducir el efecto isla de calor. Así, lo que desde fuera puede parecer “desorden” es, en realidad, una herramienta agroecológica y educativa, que conecta a las personas con el funcionamiento real de los ecosistemas y muestra el valor de la naturaleza diversa y compleja incluso en un espacio urbano.

Publicado por Humana Fundación Pueblo para Pueblo

Humana Fundación Pueblo para Pueblo es una organización de la economía social que promueve desde 1987 la protección del medio ambiente mediante la reutilización del textil y lleva a cabo programas de cooperación en África, América Latina y Asia, así como de ayuda local, sensibilización y agricultura urbana en España.

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