La agricultura social, entendida como una solución basada en la naturaleza, tiene un gran potencial. Por un lado, en la mejora de los ecosistemas urbanos y terrenos abandonados y, por otro lado, en la mejora de la salud, la comunidad y la inclusión de grupos en riesgo de exclusión.

Son las principales conclusiones de este artículo publicado en la revista Ecosystems and People, titulado “Social farming in the Madrid Region: enabling at-risk groups contact with nature.” El trabajo destaca también que el principal reto al que se enfrenta la agricultura social es la falta de financiación y propone que los gobiernos deberían promover acuerdos orientados a estas iniciativas.
Este trabajo analiza el desarrollo de la agricultura social en la Comunidad de Madrid y su potencial para facilitar el contacto con la naturaleza de personas en situación o riesgo de vulnerabilidad. El estudio se basa, entre otras fuentes, en entrevistas realizadas a decenas de entidades, entre ellas Humana y el Programa 3C de agricultura urbana, 3C Cultivemos el Clima y la Comunidad, que impulsan o colaboran en estas iniciativas.
Las ideas principales del artículo son:
- La agricultura social ofrece beneficios terapéuticos, sociales y ambientales para distintos colectivos, y puede entenderse como una solución basada en la naturaleza con gran potencial en contextos urbanos, periurbanos y rurales.
- En la Comunidad de Madrid, estas iniciativas funcionan a través de modelos de gobernanza híbridos, donde colaboran administraciones públicas, organizaciones sociales y actores privados.
- El sector enfrenta desafíos importantes, especialmente la falta de financiación estable a largo plazo, el acceso seguro a la tierra y un mayor reconocimiento institucional.
- Reforzar las redes de colaboración, la formación profesional y los sistemas de seguimiento y evaluación puede contribuir a fortalecer la visibilidad y el impacto de la agricultura social.
